CASTRO:
OPORTUNISMO Y MARXISMO

Cubierta
del folleto en el que se publicó ese trabajo. A la izquierda aparece
Castro de clubman en uno de sus yates de recreo con Gérard Bourgoin,
el millonario criador de pollos, el "rey del pollo"
("roi du poulet"), durante una pesquería en aguas cubanas,
con langostas en el suelo y una cherna en brazos del francés (Foto
del Paris Match, del 5 de diciembre de 1996, jamás publicada en
Cuba). En la otra foto, Castro de marxista-leninista, cogido de manos
con Gorbachov durante la visita de éste a La Habana en 1989 (Foto del
libro Una amistad inquebrantable: Fidel Castro y Mijail S.
Gorbachov;
La Habana: Editora Política, 1989).
Dialéctica
del oportunismo
Un
cumpleaños socialista
Conclusión
Oportunista es todo aquel que se aprovecha de una situación sin tener en
cuenta los principios que deben guiar su conducta. El oportunismo es
siempre la resultante de una posición en la que se confunde lo correcto
con aquello que beneficia al sujeto que lo practica. Una particular
escala de valores determina en el oportunista el camino que decide
seguir: lo importante, lo urgente para él, lo que no puede renunciar,
es lo que le conviene. Puede ser tan fuerte la obsesión que hasta los
instintos primarios se ignoren, y que ni el miedo al castigo o al
fracaso le detengan la búsqueda. Quizás el personaje más conocido y
que mejor representa esa confusión de los intereses de un pueblo con
los suyos sea Luis XIV, el vanidoso rey de Francia, del siglo XVII al
XVIII, a quien se le atribuye la frase “El Estado soy yo” (“L’État cest moi”). Fatuo y engreído, el monarca mandó a poner
como emblema de su persona un sol, y entre los rayos se leía: “Más
alto que todos” (“Nec pluribus
impar”). Pero la megalomanía (vocablo de origen griego formado
por las palabras “grande” y “locura” —megalo y manía) lo mismo
se presenta en el que construye que en el que destruye: la “grande
locura” del rey de Francia benefició a su patria; y si excluimos los
“logros” que han beneficiado directamente a Fidel Castro, su
megalomanía sólo ha servido para arruinar el país.
La
tiranía totalitaria es producto de esa valoración enfermiza de un
individuo, alimentada por las alabanzas y elogios de sus cortesanos, a
la cual siempre acompaña un profundo desprecio de la opinión popular:
“¿Elecciones, para qué?”, se pregunta el déspota, puesto que él
es todo, y todo lo sabe, y todo lo puede resolver. Hace unos meses
publicó la Editorial Letras Cubanas un libro de Armando Hart con la
siguiente dedicatoria: “A Fidel Castro Ruz, que lleva en su conciencia
toda la ética y sabiduría política que faltó en el siglo XX”. Así,
con esa moral y ese saber omnímodos, toda
la moral y todo el saber
que le ha faltado a este siglo, ¿quién le pregunta por sus actos? ¿quién le pide cuenta de sus errores? ¿Quién le exige cambios?
Y lo peor es que la locura lo lleva a creerse de veras sobre el resto de
los mortales (“Nec pluribus
impar”), y con esa superioridad impone sus decisiones atropellándolo
todo: el fin que persigue es necesariamente el mejor, por lo que
cualquier medio es lícito para llegar a él. A la etapa de mentiras
sucede la convicción de su extraordinario valimiento, llega así a
creer en sus propios engaños, y siempre halla disculpa para lo que no
le sale bien: la responsabilidad del disparate está en la
circunstancia, jamás en la persona.
Dialéctica
del oportunismo
La
vida zigzageante de Fidel Castro muy pronto lo obligó a buscar una
disculpa para su oportunismo. La encontró al hacer una caprichosa
interpretación de la dialéctica; dijo en un discurso del 26 de marzo
de 1962: “La dialéctica nos enseña que lo que en determinado momento
es correcto como método, puede ser un poco más tarde un método
incorrecto”. Y ¿quién se atrevía a decirle en aquellos días en que
cargaba contra algunos comunistas a quienes había encomendado la
administración del país, que la dialéctica no “enseña” nada de
eso? La peculiaridad
acomodaticia del juicio, especie de posibilismo, no es más que un
disfraz del oportunista. Nuestro lenguaje criollo califica de
“guabina” a la persona que así piensa y actúa, al compararlo con
el pez de ese nombre que lo mismo vive en agua dulce que en agua salada.
Una breve revisión de la vida de Fidel Castro pone en evidencia su
notable oportunismo. Basten algunos ejemplos. Cuando entró en la
Universidad de La Habana, aún bajo la influencia falangista de Primo de
Rivera, a fin de asegurarse el aprecio de uno de los grupos de acción
que dominaban el movimiento estudiantil, atenta contra un miembro del
bando contrario; luego le parece más conveniente asociarse con los
amigos del agredido, y se une a ellos y agrede a
sus anteriores compañeros. Aún con la pistola al cinto explora
después el camino de la política, junto a Eddy Chibás, pero éste,
sabiéndolo un gángster, lo repudia; entonces, para ganarse el aprecio
del líder Ortodoxo, se vuelve contra sus amigos del “gatillo
alegre” y denuncia las sinecuras de que disfrutaban, de las que él no
participa ya que su padre, con buenos medios económicos, le hacían
innecesarios los asaltos al tesoro público. Reducida la vía política
por el golpe de Estado del 10 de marzo, Castro adivinó que la lucha
armada era el camino mejor para su engrandecimiento personal. El ataque
al cuartel Moncada fue calificado por los comunistas de un Putsch
propio de aventureros burgueses sin escrúpulos, pero de aquel episodio
salió Castro crecido y con la fama necesaria para la batalla final en
la Sierra Maestra.

Primera
edición, publicada en Londres, del Manifiesto del Partido
Comunista (Manifest der Komunistischen Partei) luego conocido
simplemente como Manifiesto Comunista, el cual cumple ahora 150 años.
Arriba, a la derecha, Carlos Marx (1818-1883) en una foto de 1867,
cuando publicó el primer tomo de El Capital (Das
Kapital; Kritik
der Politischen Oekonomie). Abajo, Federico Engels (1820-1895), en
una foto de 1860, cuando vivía en Manchester, donde su familia
era dueña de un próspero negocio.
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Bien
conocidos son sus tanteos tras la derrota de Batista. Después de
considerar las posibilidades de los distintos rumbos que se le ofrecían
se decidió, otra vez en beneficio propio, y no por preferencia ideológica
de ninguna clase, por el del marxismo-leninismo. La dictadura proletaria
le garantizaba la autoridad absoluta y la permanencia en el poder, y la
protección soviética le permitía retar al “gigante del Norte” y
extender su poderío en África y en la América Latina: más grande así,
que Bolívar, como soldado; más grande que Martí, como estadista. Su
ignorancia, y la de cuantos lo rodeaban, junto a los sueños y mentiras
de los comunistas criollos, lo decidieron: “Soy y seré hasta el final
de mi vida un marxista-leninista”, declaró a finales de 1961. Se
equivocó respecto a lo que convenía al país, y en su ruina actual se
evidencia la falta de visión política del gobernante, pero en lo que
no se equivocó fue en las ventajas para su persona: llegó a ser un líder
mundial de respetable estatura, y quizás uno de los más ricos de
nuestro continente, donde ha habido tantos ladrones. Luego vinieron los
ajustes para evitar que le hicieran sombra: Camilo, Guevara, Ochoa...
Ante
el colapso del campo socialista, Castro renuncia hasta donde puede su
fervor por el marxismo-leninismo y coquetea con el mundo capitalista. Ya
en la reforma constitucional de 1992 redujo con Martí la presencia de
Marx y Lenin en el programa de gobierno: donde la Constitución de 1976
decía que el país estaba guiado “por la doctrina victoriosa del
marxismo-leninismo”, se dijo después que la dirección era de Martí
junto a las ideas de Marx, Engels y Lenin; y en el artículo V, donde se
decía que el Partido Comunista era nada más que
“marxista-leninista”, otra vez Martí vino a disimular la farsa y
quedó como “martiano y marxista-leninista”.
Desde
entonces habla Castro con los que de una u otra manera le apuntalan la
economía y lo ayudan a mantenerse en el poder, y les promete considerar
sus recomendaciones de “apertura política” y de respeto a los
Derechos Humanos. Terminadas esas conversaciones con los que aún lo
creen capaz de un cambio político, o dicen que lo creen, para
tranquilizar a los que aún lo defienden por su “ideología”, los
“comecandelas” radicales de todas partes, jura que no hará lo que
los otros le recomiendan, que él sigue siendo el revolucionario
jacobino que a ellos les gusta. Pasa de un simulado eclecticismo con
corbata, a un también falso socialismo con el ajuar del guerrillero. Y
gran maestro del arte escénico, convence.
Un
cumpleaños socialista
Se
cumple ahora el ciento cincuenta aniversario de la publicación del Manifiesto
del Partido Comunista, escrito por Marx y publicado en Londres en
1848. Un grupo de alemanes refugiados en Inglaterra había formado la Communist
League, y lo comisionaron, junto con Friedrich Engels, a que
redactaran un programa de acuerdo con sus ideas sobre la concepción
materialista de la historia. El Manifiesto
empezaba diciendo: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del
comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa
cruzada para acosar ese fantasma...” Analizaba el documento, y en eso
reside su mayor originalidad, las condiciones materiales de la producción
para concluir que la naturaleza del individuo dependía de ellas. Lo
económico no sólo moldeaba la política, el pensamiento y la cultura,
sino que era el verdadero motor de la historia. De esa manera
considerada la sociedad, el capitalismo no era más que la antesala del
socialismo y del comunismo, y las pugnas entre la burguesía y el
proletariado habrían inevitablemente de llevar a una revolución en las
que los oprimidos tomarían el poder. El fin era destruir la burguesía,
sus valores y recursos, para eliminar las clases sociales.

Cartel
de propaganda bolchevique, de 1919, en un momento crucial de la
guerra civil, denunciando los peligros del capitalismo, con los
obreros amenazados desfilando a su servicio; dice: "El dueño
del mundo -el Capital, el ídolo de oro" ("Vladyka mira
-kapital, zolotoi kumir").
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Muchas
fueron las predicciones equivocadas del Manifiesto:
la idea de que las instituciones tradicionales estaban próximas a su
desintegración, resultó falsa, como el vaticinio de que las
revoluciones se iban a producir en las naciones más desarrolladas de
Europa. Ni el sistema capitalista se convirtió en el monstruo que
anunciaba, ni el proletariado llegó al absoluto empobrecimiento que
iba a llevar a la revolución. Se partía del siguiente postulado: “La
propiedad privada actual, la propiedad burguesa, es la última y más
acabada expresión del modo de producción y de apropiación de lo
producido, basado en los antagonismos de clase, en la explotación de
los unos por los otros. En este sentido, los comunistas pueden resumir
su teoría en esta fórmula única: abolición de la propiedad
privada...” Pero en la Cuba actual “la abolición de la propiedad
privada” puesta en práctica por Castro cuando necesitó la “ayuda
fraternal” de los soviéticos, esa “fórmula única” recomendada
por Marx, se echa ahora a un lado para darle paso a las más descarnadas
manifestaciones del capitalismo, del imperialismo y del colonialismo.
Toda inversión se busca, aunque sea de dinero mal habido: Cuba es el país
menos escrupuloso en seleccionar los inversionistas: el dólar es el
Jordán de todo tipo de contrabandos y malversaciones.
Acaba
de publicarse en Cuba el número 50 (abril de 1998) de la revista, Business
Tips on Cuba, que lleva el subtítulo dónde
y cómo invertir en Cuba. Aparece en español, inglés, francés,
italiano, portugués, alemán, ruso y árabe. Es, por supuesto, para
consumo externo, pues al pueblo cubano no conviene enterarlo de esos
deliquios capitalistas. Impresa a todo color en excelente papel, (irónicamente
por la llamada “Empresas de Revistas Federico Engels”, de La Habana)
contiene una serie de ofertas para los inversionistas. Todo lo contrario
de la prédica de Marx y Engels, todo lo contrario de lo que proclamó
en sus comienzos el socialismo de Castro, es un plan para entronizar
hasta donde conviene la propiedad privada. Todo parece estar en venta.
En
una de las páginas de la revista se leen entre otros anuncios, los
siguientes: “Hoteles Horizontes de Cuba busca inversionistas para la
construcción de un hotel de cuatro estrellas en Cayo Levisa, ubicado al
norte de la provincia de Pinar del Río. Este cayo es una magnifica isla
tropical dotada de playas, excelentes paisajes y bellos fondos
marinos... La inversión total es de USD 9 millones con el aporte de 50%
cada una de las partes...” Otro dice: “Hoteles Horizontes de Cuba
busca inversionistas extranjeros para la reparación del Hotel Rancho
Luna en la provincia de Cienfuegos... El hotel consta de 225
habitaciones, piscina, 5 bares, 2 restaurantes, cafetería, tienda, sala
de juegos, alquiler de medios de recreación y centro de buceo... El
costo estimado de la renovación es de USD 6,750, 000, y la inversión
extranjera requerida es de USD 3,037,000...” Otro: “Hoteles
Horizontes de Cuba busca inversionistas extranjeros para la construcción
de un hotel cuatro estrellas en la playa María Aguilar de la ciudad de
Trinidad (Patrimonio de la Humanidad). Esta zona posee buenas
condiciones y un agradable clima tropical, playas y la existencia de
sitios ideales para el buceo... La inversión total es de USD
15,600,000...” En otro anuncio, como los clasificados de un periódico,
se lee: “La Empresa Nacional de Fósforos busca inversionistas
extranjeros para ampliar su producción. La Empresa cuenta con 6 fábricas
en todo el país dotadas de toda la infraestructura necesaria, mano de
obra especializada y personal técnico especializado. La inversión
extranjera requerida es de USD 1,5 millones...” Obsérvese que todas
estas oportunidades se le ofrecen a los “inversionistas
extranjeros”, como si el mal de la “propiedad privada” de que habló
Marx dejara de serlo cuando la inversión es de diferente nacionalidad o
raza.
En
otra página, también reproducida aquí se dice bajo el título
“Camagüey; una puerta abierta a las inversiones”: “Camagüey, la
provincia más extensa de Cuba y la de geografía más llana, es una
tentadora puerta abierta a las inversiones extranjeras. Aquí prácticamente
todos los sectores de la economía están expeditos para las
negociaciones con entidades extranjeras....”; y dan como ejemplo,
entre otros, la siembra de cítricos, plátanos y papas; la producción
de quesos, de carnes ahumadas y saladas, de cervezas y refrescos, de
ropa interior de hombre y mujer; el turismo, para el que ofrecen, entre
otros, los cayos Sabinal, con 33 kilómetros de playa; Cruz, con 23; y
Guajaba, con 11...
Y
como el mito de la Medicina en Cuba sigue prosperando, ya que los que
podrían destruirlo no lo han hecho —los médicos cubanos que viven en
el extranjero, los cuales casi sin excepción sólo se reúnen para
recordar lo magnífica que era su clase en Cuba antes de Castro, y para
hacer alarde de su actual prosperidad económica— también trae la
revista una página con el anuncio de varios eventos médicos, como si
los avances de la medicina llegaran al pueblo: un “Congreso de
Cardiología y Cirugía Cardiovascular” y otro de “Nefrología”;
uno en el “Centro de Convenciones del Capitolio Nacional” y el otro
en el “Centro de Convenciones Heredia”, de Santiago de Cuba. La
“cuota de inscripción” es de 150 y 180 dólares.
Pero
quizás lo más llamativo de esta revista (en la que también se
relacionan posibles negocios fuera de Cuba, pues se ofrecen los
servicios de técnicos de laboratorio, de cocineros, de médicos, de
contadores, de carpinteros navales, etc.), es la página
dedicada a la venta de apartamentos de lujo, en dos edificios, el
“Habana Palace” y el “Monte Carlo Palace”, ambos situados en el
que antes era el elegante reparto Miramar, en la calle 42 entre Tercera
y Quinta Avenidas; y el otro en la misma Quinta Avenida entre las calles
44 y 46... Con el título de “Una inversión excepcional” los
describen así: “Los apartamentos de Real Inmobiliaria S.A. son
distinguidos espacios de vida con todas la formas de confort y
refinamiento (aire acondicionado central, TV por satélite, seguridad
las 24 horas, parqueo privado, piscina...). Situados en pleno Miramar,
cerca de centros comerciales, restaurantes, hoteles y a pocos minutos de
La Habana Vieja, los residentes del Monte Carlo Palace y del Habana
Palace se convierten en propietarios únicos de una inversión
excepcional”. ¿Y el precio? El precio es de “1,450 dólares por
metro cuadrado”, y calculando la extensión que deben tener se llega a
más de medio millón de dólares por unidad...
Conclusión
En
la jerga marxista se llama “revisionismo” ese adaptar la ideología
y la práctica a las circunstancias que cambian. En la traducción
inglesa del “Diccionario del Comunismo Científico”, publicado en Moscú en 1984, se
iguala el “revisionismo” con el “oportunismo”. Allí se lee:
“El revisionismo es una tendencia ideológica y política hostil al
marxismo-leninismo... El revisionismo es una clase de oportunismo”. Y
sobre éste se dice: “El oportunismo [en el mundo marxista-leninista]
es una adaptación de la política y la ideología del movimiento de la
clase trabajadora a los intereses y necesidades de los grupos burgueses
y pequeño burgueses no proletarios...” Esos “grupos burgueses y
pequeño burgueses”, la “nueva clase” de que habló Djilas, los
constituyen en la Cuba actual los militares a quienes, sin empleo al no
poderse continuar las andanzas internacionalistas de Castro, para
impedir que conspiren contra el gobierno y favorecerlos con los
privilegios de que antes disfrutaba la burguesía, se han convertido,
según el rango, en administradores de empresas, directores de negocios,
gerentes de hoteles y mayordomos de restaurantes... Pero todos esos desvíos
y manipulaciones del marxismo-leninismo se pueden justificar. Si Castro
falsificó la historia de Cuba, y llegó a decir que Martí fue un
precursor de Lenin y un defensor del unipartidismo, ¿por qué no hacer
creer al pueblo que Marx y Lenin, aunque condenaron la propiedad privada
y el capitalismo, los hubieran aceptado en las condiciones actuales de
Cuba?

Arriba,
un cartel de propaganda, de 1920, con Lenin y las primeras
palabras en ruso del Manifiesto Comunista: "Un fantasma
recorre Europa, el fantasma del comunismo" ("prizrak
brodit po Ebrope, prizrak kommunizsma"). Abajo otro cartel,
éste de 1919, también de la Unión Soviética, en el que se
plantea el dilema entre el capitalismo y el comunismo: "O se
le da muerte al capital, o se muere bajo la bota del capital"
(Ili smert kapitalu, ili smert pod pyatoi kapitala").
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Falangista,
gángster, ortodoxo, guerrillero, nacionalista, marxista-leninista,
revisionista... Oportunista: Castro siempre ha sido, y será, un
oportunista. Y al oportunista, para llevarlo por el camino mejor, hay
que hacerle ingrato el camino por el que puede hacer daño. Al gradual
abandono de la fracasada ortodoxia marxista-leninista no ha llegado
Castro por los consejos de sus admiradores, sino por el fracaso del
sistema y por la presión de quienes lo combaten. No, no ha sido inútil
el látigo.
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